El Atletic Renovado

El Barcelona de Ernesto Valverde cuenta sus partidos de Liga por victorias en base a la presencia de Leo Messi en los últimos metros. La relación entre la posición del argentino y su producción de ocasiones está subrayando la idea de que, por encima de todos los colectivos blaugranas que han acompañado al rosarino, la Liga es una empresa complicadísima para sus competidores cuando Messi golea cada semana. Casi como una garantía, el ’10’ de la albiceleste está en proyección de volver a sobrepasar los 50 goles en el campeonato, un parámetro que acerca al Barcelona a levantar el título. Hoy, en su visita al Metropolitano, ante un Atlético también invicto, podría encontrar más comodidades que de costumbre ante el conjunto más líquido del ciclo Simeone.
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El ‘Txingurri’ ha devuelto a Messi a una zona en la que, no hace mucho tiempo, mejor dominó su rival de hoy, y lo hizo además frente al propio Leo. Los duelos entre el Atlético de Madrid y el Fútbol Club Barcelona dependieron en gran medida de cómo los rojiblancos protegían los espacios, anticipaban la circulación y las asociaciones culés y cómo Leo y sus compañeros podían, desde el regate, sortear la muralla, abrir la primera puerta, hacer frágil la confianza defensiva de los del Cholo y dominar el encuentro desde el ritmo ofensivo. Hoy, la ubicación espacial de Messi es un quebradero de cabeza para Simeone.

Del partido a partido al medio plazo, el técnico argentino viene invirtiendo con vistas a futuro. La imposibilidad de reforzar su plantilla y la prolongada ausencia de Augusto Fernández, ha obligado, también entendido como oportunidad, a Simeone a colocar y confiar en Thomas y Saúl como pivotes. Sea quien sea el que se coloque más habitualmente por delante de la defensa y le auxilie en tareas de contención en el área, el Atlético no está fortaleciendo la zona desde la que Messi está llevando a su equipo a un ritmo de puntuación tan elevado. Una de las claves del partido será ver cómo protege Simeone esa zona, si asume los riesgos, si sale a discutir la pelota o forma una fase defensiva que viene sufriendo con continuidad.
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Porque tanto en el inicio como en el fin de las jugadas, Messi suena misión muy complicada para el sistema defensivo colchonero. En los inicios, es decir, cuando Messi se ofrezca para recibir a epsaldas del pivote, los dos hombres locales hoy que se sitúan por delante de la corona del área, no tapan con continuidad. Esto es clave porque repercute en el final de la jugada. Superar la línea de medios del Atlético viene siendo demasiado sencillo cuando Simeone repliega. Además, los ajustes no llegan y el rival puede profundizar.

Ahí entra el resultado. El pase atrás está poniendo al Atlético frente al espejo, pues añora un especialista, amén de la solidez del pasado, para salir victorioso del despeje en primera línea y de la ayuda en el pase atrás, en la frontal del área. El nuevo Atleti parece un conjunto bastante propicio para este renovado Messi. Reducir el impacto del argentino fue siempre visto antaño en el Manzanres desde la organización defensiva, o desde la presión sobre la salida culé. Puede que en esta ocasión, el Cholo necesite, más que nunca, tener la pelota más tiempo.

Un lugar para Rabiot

La eliminatoria entre el París Saint-Germain y el FC Barcelona, entre otras cosas, evidenció con bastante precisión la naturaleza actual del talentoso Adrien Rabiot. Mientras en el Parque de los Príncipes exhibió su gran calidad técnica y creativa hasta el punto de convertir cada pequeña ventaja táctica en una jugada de peligro, en el Camp Nou fue incapaz de ofrecerle alguna solución a su equipo. Y restó.
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Es cierto que aquel día ningún futbolista parisino, a excepción de Di María, demostró estar por encima del contexto, pero seguramente el caso de Rabiot fue uno de los más destacados. En parte, como con Thiago Silva, porque ya no era la primera vez que sucedía algo parecido. Años atrás, ante el Chelsea ya se vio un contraste similar.

La base de la jugada, el lugar al que debe apuntar su carrera sí o también, es todavía un espacio que le cuesta dominar en ciertos términos. Su calidad, su talento y su técnica no desaparecen por jugar más atrás, pero a Rabiot sí le cuesta más darles un sentido práctico. A veces le falta tiempo, a veces le falta espacio. Y esta falta de agilidad y fluidez no hace sino evidenciar que, a día de hoy, ni es un iniciador ni tampoco un director de juego. No es Thiago Motta, pero tampoco Marco Verratti. Por eso, aunque sus virtudes le van a permitir exhibirse en ciertos escenarios, como el del 4-0 ante el Barcelona, donde directamente pasó por encima del mismísimo Messi, en la mayoría de encuentros jugar atrás le suele perjudicar.
Afortunadamente para él, a París ha llegado uno de esos futbolistas que reorganizan el mapa neuronal de cualquier equipo. Porque con Ney todo es diferente. Y mejor. Una de las primeras consecuencias de su fichaje ha sido la recuperación de parte de la importancia que el centro del campo parisino había perdido con la marcha de Blanc.
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Por ejemplo, ahora tanto Thiago Motta (93->97) como Marco Verratti (87->103) dan más pases por partido. Pero esto, quien más lo está notando, es obviamente el centrocampista que juega más cerca del brasileño. Adrien Rabiot, que ya juegue en un 4-3-3 o en un 4-4-2 siempre ocupa el perfil izquierdo, ha pasado de promediar 64 pases a promediar 86. Y no sólo eso. Su ascendencia sobre el juego, su impacto en las jugadas, siempre es mayor. Especialmente cuando es el interior más liberado de un centro del campo de tres. Ahí, ejerciendo casi como mediapunta, Rabiot es el medio que Neymar suele utilizar para llegar a los muchos finales que imagina su mente.

Jugador interesante, pero que pienso no terminara jugando de pivote porque su virtudes sobresalen mas como interior, por cómo entre otras cosas, lo que dice quintana, se relaciona mas con neymar. Aunque emery parece que está probando a Draxler de interior izquierdo, así que si esa idea tiene continuidad rabiot lo tendría mas difícil incluso para ser titular, supongo que veremos durante la temporada cual sera el 11 titular de los parisinos (en invierno podrían pasar cosas).

Un lugar para Rabiot

La eliminatoria entre el París Saint-Germain y el FC Barcelona, entre otras cosas, evidenció con bastante precisión la naturaleza actual del talentoso Adrien Rabiot. Mientras en el Parque de los Príncipes exhibió su gran calidad técnica y creativa hasta el punto de convertir cada pequeña ventaja táctica en una jugada de peligro, en el Camp Nou fue incapaz de ofrecerle alguna solución a su equipo. Y restó.
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Es cierto que aquel día ningún futbolista parisino, a excepción de Di María, demostró estar por encima del contexto, pero seguramente el caso de Rabiot fue uno de los más destacados. En parte, como con Thiago Silva, porque ya no era la primera vez que sucedía algo parecido. Años atrás, ante el Chelsea ya se vio un contraste similar.

La base de la jugada, el lugar al que debe apuntar su carrera sí o también, es todavía un espacio que le cuesta dominar en ciertos términos. Su calidad, su talento y su técnica no desaparecen por jugar más atrás, pero a Rabiot sí le cuesta más darles un sentido práctico. A veces le falta tiempo, a veces le falta espacio. Y esta falta de agilidad y fluidez no hace sino evidenciar que, a día de hoy, ni es un iniciador ni tampoco un director de juego. No es Thiago Motta, pero tampoco Marco Verratti. Por eso, aunque sus virtudes le van a permitir exhibirse en ciertos escenarios, como el del 4-0 ante el Barcelona, donde directamente pasó por encima del mismísimo Messi, en la mayoría de encuentros jugar atrás le suele perjudicar.
Afortunadamente para él, a París ha llegado uno de esos futbolistas que reorganizan el mapa neuronal de cualquier equipo. Porque con Ney todo es diferente. Y mejor. Una de las primeras consecuencias de su fichaje ha sido la recuperación de parte de la importancia que el centro del campo parisino había perdido con la marcha de Blanc.
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Por ejemplo, ahora tanto Thiago Motta (93->97) como Marco Verratti (87->103) dan más pases por partido. Pero esto, quien más lo está notando, es obviamente el centrocampista que juega más cerca del brasileño. Adrien Rabiot, que ya juegue en un 4-3-3 o en un 4-4-2 siempre ocupa el perfil izquierdo, ha pasado de promediar 64 pases a promediar 86. Y no sólo eso. Su ascendencia sobre el juego, su impacto en las jugadas, siempre es mayor. Especialmente cuando es el interior más liberado de un centro del campo de tres. Ahí, ejerciendo casi como mediapunta, Rabiot es el medio que Neymar suele utilizar para llegar a los muchos finales que imagina su mente.

Jugador interesante, pero que pienso no terminara jugando de pivote porque su virtudes sobresalen mas como interior, por cómo entre otras cosas, lo que dice quintana, se relaciona mas con neymar. Aunque emery parece que está probando a Draxler de interior izquierdo, así que si esa idea tiene continuidad rabiot lo tendría mas difícil incluso para ser titular, supongo que veremos durante la temporada cual sera el 11 titular de los parisinos (en invierno podrían pasar cosas).

El despertar de Valverde

Federico Valverde tiene potencial. Mucho. Extraño sería que los entrenadores que formen parte de su trayectoria no sólo le hagan hueco en sus planes sino que no termine por llevarles hacia el fútbol que él siente y desarrolla, uno físico, técnico, moderno y protagonista, el que desempeña el jovencísimo centrocampista uruguayo del Deportivo de la Coruña. Incluso en un periodo de adaptación e intentando encontrar un acomodo en este arranque de temporada coruñés, el sudamericano goza de la confianza de Pepe Mel. Aún no está siendo lo que podría ser, pero si la idea toma forma, lo más importante, Valverde puede ser una sensación.
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Federico es uno de esos proyectos de todocampista que exhibe en cada toque una puesta en escena imponente. Su movilidad para empezar las jugadas abajo y terminarlas muy arriba, su amplísimo rango de pase, su arrancada en conducción -pasos cortos y explosivos aún gozando de buena envergadura- y su capacidad para el último pase le sitúan como un tipo capaz de jugar, o mejor dicho, de abarcar, muchísimos metros de terreno, siempre con el balón cerca. Pepe Mel hablaba recientemente de su punto de partida y su verdadero rol.
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“Es que Fede no juega en la banda, igual que Koke no juega en la banda, igual que Soler no juega en la banda, igual que Fornals no juega en la banda, igual que Kroos cuando juega ahí no juega en la banda. Fede tiene la libertad, cuando tenemos la pelota, con una serie de movimientos que trabajamos con él, de hacer superioridad numérica por dentro, y sólo va a banda por llamarlo así, porque él es interior, a la hora de defender. Creo que en los últimos tres partidos, cuando él ha jugado ahí, el Dépor ha ganado dos veces e hicimos muy buenos minutos en Cornellá. Creo que es un jugador que ahí nos puede aportar cosas y lo está haciendo”.
El Dépor está construyendo una idea que acoge a futbolistas de diverso ritmo e interpretación del juego, pero que en la forma, desde las posibilidades que le ofrece su plantilla, podría convertir a Valverde en una pieza tan importante como la que más. Seguramente sea un tema de confluir y coincidir. Valverde es un talento muy joven en una idea que busca también hacer pie pero que podría descubrir que todas sus características son las más adecuadas para que las desarrolle desde el interior. Las necesidades que su fútbol solicita pueden cumplirse.
La amplitud, con Luisinho y Juanfran bien arriba, los desmarques del ‘9’ para asistir en la frontal, sea uno o se haga dupla, la pared con Çolak, los pases cruzados rasos de Schär. Valverde no ha caído en una plantilla sin posibilidades que le obliguen a adaptarse a registros que desconoce. Es posible que la libertad de recoger el balón del mediocentro, con Borges, Guilherme y Mosquera en el pivote, sea la única complicación que pueda tener, nada preocupante a nivel posicional, pero sí que es algo a tener en cuenta viendo lo que ha demostrado sobre un campo de fútbol. El mediocampista uruguayo puede despertar en cualquier momento. Para ello, el Dépor también tiene que despertar porque cuanto más protagonista pueda ser el Dépor, más lo será Valverde.
 

Desubicado

No fue, el de la ida de la Supercopa, un Barça bochornoso, por mucho que de la lectura del resultado y del posterior hervor implacable de las redes sociales pudiera entenderse lo contrario. No fue para tanto. Ocurrió, simplemente, que el Madrid fue mejor y, sobre todo, más efectivo. Golpeó con mayor contundencia y se mostró más desmesurado en sus intenciones contra la portería rival. Más o menos lo que se prevé y se espera de un equipo serio, rodado, trabajado y con sus constantes estables. Cuando un equipo de fútbol aúna talento individual como para exportar y un aprendizaje exhaustivo de los más básicos automatismos que deben gestionar su funcionamiento colectivo, puede decirse que ha alcanzado su punto culminante. Y en ese cúlmen, bordeando la sublimación de su rendimiento, parece encontrarse este Real Madrid del tercer curso de Zidane. Bonito, vistoso, exhuberante e implacable. Un equipo que lo tiene todo y al que le sale todo. Un equipo hecho. Justo en las antípodas de lo que es, a día de hoy, el FC Barcelona de Ernesto Valverde.
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El técnico extremeño tomó la decisión de afrontar la que quizá sea la misión más complicada de su carrera deportiva en un momento delicado para el barcelonismo. Que, de un tiempo a estos días, el agua en Can Barça baja turbia es una realidad que nadie medianamente puesto en la actualidad futbolística desconocía. En pleno cambio de ciclo deportivo, con jugadores capitales embocando la inevitable cuesta abajo, con la abrupta salida de un jugador franquicia que estaba llamado a liderar proyectos inmediatos y todo bajo el manto de una junta directiva que parece incapaz de reaccionar con la debida celeridad ante el cariz que empiezan a tomar los acontecimientos, el escenario sobre el que ha aterrizado Valverde no anima precisamente a ser entusiasta con su futuro inmediato. Su distancia con el Real Madrid es, en estos momentos, inasumible. Mucho mayor de la que el aficionado culé puede llegar a tolerar. Además, con el club obligado a apagar primero los fuegos surgidos intramuros antes de ocuparse de las batallas extramuros, no parece que el rumbo tomado por la ejecutiva azulgrana suscite muchas esperanzas entre el graderío. El golpe que supuso la intempestiva e inesperada salida de Neymar para una junta directiva ya demasiado desgastada parece haber reducido aún más su, hasta la fecha, limitada capacidad de gestión. Tal es la situación y la sensación de zozobra en la dirección técnica que cualquiera podría pensar que mañana podrían ser presentados en el Camp Nou Philippe Christanval o Dragan Ciric como fichajes de última hora para tratar de reflotar el proyecto.
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Veo a Valverde en sala de prensa. Lo observo con esa mirada de ceño fruncido tan suya, como escudriñando cada palabra de las preguntas y meditando todos los posibles sentidos de sus respuestas. Y lo veo en un mundo que quiero creer que no es el suyo. En un mundo alejado de lo que ha estado acostumbrado a vivir, en un mundo de imposiciones e hiperanalizado hasta el extremo y en el que, mucho me temo, le va a costar mucho ser quien realmente es y volver a encontrarse a sí mismo.

Volver a la normalidad

Un club normal. Dudo mucho de que, a estas alturas de la película, el aficionado más exigente de la grada de Mestalla pida mucho más que eso. Tras haber vivido durante las últimas temporadas dentro de una coctelera permanentemente agitada, el valencianismo gateaba desesperado hacia la salida del túnel en búsqueda de la ansiada estabilidad social y deportiva que tanto se ha venido echando en falta en la Avenida de Suecia en estos últimos tiempos. La atmósfera de Limes y Layhoones se hacía ya irrespirable como un aula de bachillerato a las dos de la tarde de un día de junio. Con la ya cansina cantinela del supuestamente desmesurado nivel de exigencia de la afición che sobrevolando la escena,
Camisetas oficiales, equipaciones completas, botas de fútbol, chandals, sudaderas y chaquetas. la respuesta del equipo durante las últimas campañas ha distado mucho de ser la mínimamente aceptable. Jugadores sin compromiso deambulando por la plantilla como quien se apea en una estación de paso a estirar las piernas, entrenadores viciados y una sensación de estar por estar, sin plantearse objetivos y simplemente dejando fluir el paso del tiempo mientras intenta mantenerse a salvo de los guantazos que de vez en cuando te da la vida.
Un equipo serio, un equipo reconocible. Unos jugadores que dignifiquen a la institución y que sean capaces de ejercer la representación de los aficionados sobre el césped sin forzar situaciones vergonzantes. Defendiendo con un mínimo orden, inyectando una cierta dosis de ritmo a la pelota y mordiendo en ataque, como cualquier equipito que se precie y que sea capaz de manejar su ambición. Tampoco creo que se pidiera mucho más y tampoco mucho más fue lo que ofreció el primer Valencia presentado por Marcelino el pasado viernes en el primer partido de Liga. Se ganó (1-0) a la Unión Deportiva sin brillantez, con practicidad y con un cierto aire cicatero en la propuesta. Sin embargo, cuando uno viene de tan abajo, cualquier mínimo atisbo de recuperación de la propia identidad es recibido con alborozo y esperanza. Saber, al menos, lo que uno quiere llegar a ser no es un mal comienzo.
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Siempre he observado al Valencia desde la lejanía como quien observa al kiosquero que le vende el periódico o al camarero que le sirve el café cada mañana. Sabes que están ahí y que siempre van a estar como parte del decorado, pero tampoco sabes mucho más de ellos como para profundizar en juicios de valor sobre sus vidas y sus quehaceres. Crees que lo conoces, pero en realidad no. Por eso creo que no debo de atreverme a evaluar la actitud de sus militantes más fieles. Si quieren exigir, que exijan. Están en su derecho y nadie mejor que ellos puede saber lo que más le conviene a su equipo. A mí me vale con ver a un Valencia sano, competitivo y jodón dando lustre al campeonato.

Enfrentar al Madrid en su Tierra parte 12

Extremadamente decepcionante el PSG y Unai Emery, en la línea de lo que comentaba días anteriores David León en Twitter. Sin quitarle mérito al Madrid -como dice el texto, es muy reseñable que una versión tan “básica” del equipo pueda competir contra cualquiera- en los franceses vi a un equipo partido, dependiente de que Neymar y Mbappé desbordasen y generasen ocasiones a 40 metros de portería, con agujeros en la plantilla inverosímiles con respecto a la inversión (Yuri, Kimpembe, Lo Celso de MC o Areola) y una dirección de campo muy cuestionable. Que Di María no jugase ni un minuto es otro expediente X. 
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Me recordó al Barcelona del año pasado, que dependía de una genialidad de Messi o de que Ney generase recibiendo en campo propio. La diferencia: que es una plantilla muy inferior a la de los culés y que su vena competitiva está a años luz. Salvo Alves -tuvo momentos de grandeza- Ney, que pese a que ayer estuvo algo nervioso, siempre lo intenta y no se esconde y Marquinhos, el resto volvieron a pecar de ser unos “pardillos”. El mismo equipo, con el mismo entrenador, que el año pasado “regaló” la clasificación al FCB, ayer comete un penalti absurdo y protagoniza varios fallos en salida de balón que evidencian un nerviosismo y una falta de confianza impropias de un aspirante al título.
Cómo reflexión personal se me ocurre volver a incidir en que el fútbol es un espectáculo totalmente ligado a la pasión. Estando de acuerdo en que el de ayer es uno de los cinco o seis enfrentamientos europeos en el que se puede ver mas calidad en el campo, el hecho de que sean dos equipos a los que no estoy vinculado emocionalmente me hace “disfrutar” menos. El partido me dejó un poco frío, la verdad. Constantemente veía mas los errores que los aciertos y ayer me pareció mas un partido de errores que de aciertos. Estoy seguro que es un “problema” mío. 
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Dos apuntes, uno de cada equipo. 
Sólo he visto a una persona en este hilo nombrar la palabra suerte. A Abel, en varios análisis de partidos del Real Madrid últimamente, si le había notado que usaba esa palabra. Y me parece que ayer el Madrid tuvo ese plus que es tan importante en un juego de aciertos y errores. 

Y sobre el PSG, qué importante es una figura que de equilibrio en el medio campo. Un Busquets, un Fernandinho, hasta un Casemiro, si quieres. Cuando tienes tanta calidad arriba y juegas con tres delanteros tan bestiales, (los tridentes de esta segunda década del milenio como paradigma) que necesario es jugador que vuelque el campo. Y Lo Celso, seguro que un jugador buenísimo, ayer no sólo no lo consiguió, si no que tuvo el efecto contrario. Hasta el punto de añorar a Motta. 

Finalmente un pronóstico. Antes de esta eliminatoria pensaba que el entrenador perdedor no comenzaría el nuevo curso en el banquillo de su equipo. Ahora pienso que da igual. Me parece que tanto Emery como Zidane (salvo que alguno de los dos gane la UCL) no seguirán el año que viene. Seguro que me equivoco, como siempre, pero huelen a dos equipos que necesitan algo más y el eslabón más débil siempre es el entrenador a la hora de cambiar cosas, porque es innegable que son dos plantillones.